La invisible pared de la indiferencia

Cada vez que estoy en una sala de espera de un aeropuerto, puedo observar las diferentes actitudes que tienen los pasajeros, ya sea que hayan aterrizado o que van a despegar. Existe un cierto grado de busqueda del espacio y tiempo en cada uno de ellos. Los ojos que demuestran la ansiedad de estar encerrados durante 45 minutos, por lo menos, con 200 personas, todos formados en filas de tres, esperando el momento de ser sacudidos y luego recompensados con una bebida que deben de terminar en menos de 15 minutos. No hay tiempo para charlas, ni tampoco para conocimientos profundos, algunos prefieren cerrar los ojos y otros prefieren caer dormidos hasta que alcancen su destino. Los que tienen el valor de romper la pared de la indiferencia con el ser humano que esta a su alrededor, lo hace con una simple y boba pregunta, rompiendo el hielo, deseando que esta ruptura de hielo no se convierta en una avalacha de confesiones o de mas hielo que puede congelar hasta lo mas profundo de sus huesos.
El avión se sigue sacudiendo y todos entonces, abren más los ojos, esperando ser partícipes de una película de Hollywood en donde va haber muchos o ningun sobreviviente.
Se da el aviso de que inicia el descenso, los que están junto a las ventajas se asoman para ver si ya se puede ver su casa o el aeropuerto, es dificil de notar los detalles estando a 30 mil pies de altura, sin embargo, todos repiten el mismo patrón. Se vuelve a sacudir el avión, todos deben estar preparados, y posicionados para que ocurra o un milagroso descenso y aterrizaje sin novedad o una muerte rápida al tener un incendio relámpago que calentará el aire por arriba de los 1000 ºC y los pulmones se derritiran como un queso fundido del Farolito.
Una vez en la pista, todos se alistan, algunos hasta se ponen de pie, ha sido bastante soportar al humano que estuvo cerca de él, que le desperto en una ocasión y hasta le pidio la hora. Se despiden algunos como si el viaje les permitiera conocer más de su vida y aprende de ella. Más sin embargo, no todas son buenas noticias, se da el aviso que no se ha llegado a una puerta de facil salida, sino a una parte de la pista que hacen llamar, ¨terminal remota", aún siguen lejos de su destino, los espera más contacto con los 200 humanos que estan abordo, además aunque se haya pagado por la primera clase, todos son iguales en los transportes que los llevaran al edificio terminal, debería de haber asientos especiales para los que pagaron primera clase y así ser separados de la bola que tuvo que viajar con dos personas a su lado y no una de "buena familia".
La pared de la indiferencia se hace más y más gruesa a medida que los minutos pasan y se tiene que volver a voltear al pasajero de junto, ya sin nada que decir o mejor diciendo maldiciones para ser aceptado y hasta festejado por el comentario. Ya no es una pared, es un bunker.
Sin importar, niños y mujeres, todos quieren desembarcar empujando y dejando atras la "cortesia" que se pide en las revistas de las lineas aereas.
Entra uno al avión con una pequeña pared de indiferencia y puede salir con un bunker que ni siquiera la coalición contra el eje del mal puede transpasar.


1 Comentarios:
hello
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